Paz con Dios Creador, Paz con toda la Creación

 

Bienvenidos al Centro Católico de Conservación!

 

Introducción a la Justicia Ambiental Católica

por Bill Jacobs, ecologista y director del Centro Católico de Conservación. Traducción de Luis Enrique Lazcano Flores.

    En 1990, el Papa Juan Pablo II hizo público su mensaje para el día Mundial de la Paz, Paz con Dios – Paz con toda la Creación, en que el Santo Padre anunció, “Hay una conciencia creciente que la Paz mundial es amenazada, no solo por la carrera armamentista, los conflictos regionales, y la continua injusticia entre las personas y las naciones, pero también por una falta del debido respeto por la naturaleza... Más aún, una nueva conciencia ecológica comienza a emerger que, más que ser descartada, debe ser alentada para que se desarrolle en programas concretos e iniciativas."

    Algunas personas creen que la Iglesia Católica Romana solamente en tiempo reciente ha entrado a los campos de justicia ambiental, ecología, y conservación. Nada podría estar más lejos de la verdad! De acuerdo a una líder católica, campeona por la justicia ambiental, la hermana del Sagrado Corazón de María Marjorie Keenan, "El comprometerse a la promoción de un medio ambiente bueno y saludable para todos es seguir el plan de Dios para la creación, un plan confiado a nosotros desde el Principio"7

    Desde su inicio, la Iglesia nos ha instruído en el dominio apropiado y la administración de la Creación. Esta sabiduría se nos revela a través de la Sagrada Escritura, la Tradición viviente de la Iglesia, el mensaje de la Creación, y la voz de la conciencia iluminada por la Ley Divina. 

    La postura Católica a la justicia ambiental está basada en los dos mandamientos de Jesucristo: Amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El Amor de Dios requiere respeto por los dones de Dios y por la Voluntad creadora de Dios. El amor al prójimo requiere justicia, que prohibe la destrucción ambiental del ambiente sin desproteger a aquellos que tienen necesidad hoy en día, ni a las necesidades de las futuras generaciones.1 

    La actitud Católica hacia la Naturaleza, en una palabra, es la administración. Administración es el cuidado y procuración responsable de algo confiado a nuestro cuidado. De las primeras páginas de la Biblia, estamos instruídos a “cultivar y cuidar de" la Creación de Dios (Genesis 2:15). Creado a imagen y semejanza de Dios, se nos ha concedido el dominio sobre el resto de la Creación (Genesis 1:26-28). Dominio significa que tenemos soberanía sobre y responsabilidad por el bienestar de la Creación de Dios. Nos asemejamos a Dios principalmente por el dominio; de aquí pues, que nuestro dominio debe asemejarse también al dominio de Dios. Debemos cultivar y cuidar de la Tierra como lo hace Dios, con amor y sabiduría. Estamos llamados a ejercer el dominio de formas que permitan al Acto Creador de Dios original ser desplegado más allá. Y porque nos asemejamos al Creador, somos también en un sentido co-creadores con El.

    Dominio no significa que a Dios no le importa como usamos el mundo material. Desde el principio, Dios insiste que los humanos no son “pequeños dioses” con autoridad ilimitada. No solo el Genesis describe la Creación de la humanidad como “muy buena,” sino que describe la parte no humana de la Creación como “buena.” En otras palabras, la naturaleza tiene su propio valor, y ese valor está dado por Dios. Dios permite que las personas sean inteligentes y libera las causas en orden a completar la obra de la Creación y perfeccionar su armonía.

    En el año 97 D.C., el papa San Clemente describió la paz y armonía del Universo, "Los cielos, moviéndose bajo su Gobierno, están sujetos a El en paz. Día y noche siguen el curso señalado por El. El sol y la luna, con la compañía de las estrellas, se mueven en armonía de acuerdo a Su voluntad. La Tierra fértil, de acuerdo a sus deseos, produce alimentos en abundancia, en las estaciones apropiadas, para el hombre y el animal y todos los seres vivientes en ella. Las estaciones de primavera, verano, otoño e invierno, plácidamente ceden su lugar una a la otra. Aún el más pequeño de los seres vivos se encuentran unidos en paz y concordia. A todo esto el gran Creador y Señor de todo ha determinado que exista en paz y armonía." Tales declaraciones de un Universo armonioso endosadas por Dios por su propia integridad y balance dinámico interno, son comunes a través de la Tradición viviente de la Iglesia.

    Hace más de 40 años, en 1961, el Papa Juan XXIII nos recordó otra vez de la necesidad de cuidar a la Creación. Explicó, "El Génesis relata como Dios les dió dos mandamientos a nuestros primeros padres: el transmitir la vida humana -- 'Creced y multiplicaos' – y traer a la naturaleza a su servicio -- 'Llenad la Tierra, y dominadla.' Estos dos mandamientos son complementarios. Nada se ha dicho en el segundo de estos mandamientos sobre destruír a la naturaleza. Al contrario, debe atraerse al servicio de la vida humana."

    En 1971, el Papa Pablo VI advirtió, "El hombre de repente se está dando cuenta que por una explotación mal considerada de la naturaleza, arriesga destruirla y volverse a su vez la víctima de su propia degradación. No solo el ambiente material se está volviendo una amenaza permanente – la contaminación y negación, nuevas enfermedades y una capacidad de destrucción absoluta – pero el marco de la actividad humana ya no está bajo el control del Hombre, por tanto creando un medio ambiente para mañana que puede ser posiblemente intolerable. Esto es un problema social de largo alcance que concierne a toda la familia humana." El añadió, "Todo está inter-relacionado. [Debemos estar atentos] a las consecuencias a gran escala de que cada intervención del hombre repercute en el balance de la Naturaleza, que se ha puesto a la disposición del hombre en toda su riqueza armoniosa, de acuerdo a los designios amorosos del Creador".5

    Desde el principio, Dios y su Iglesia nos han llamado a ser co-creadores y administradores de la Creación en amor y sabiduría. Hoy en día su llamado sigue tan urgente como siempre.
 

Siete Temas de Responsabilidad Ecológica2

1. Una visión centrada y sacramental del Universo.  En una visión sacramental, la belleza y diversidad de la Naturaleza revelan algo sobre Dios. Dios está presente y activo en la Creación, y a la vez también la trasciende. "Frente a la Gloria de la Trinidad en la Creación, debemos contemplar, cantar y redescubrir el asombro," dijo Juan Pablo II.

"Que la reverencia por el Creador, presente y activo en la Naturaleza, sirva como base para una responsabilidad ambiental," escribieron los Obispos Católicos de Estados Unidos. "Por las mismas plantas y animales, montañas y océanos, que en su amor y sublimidad eleven nuestras mentes hacia Dios, por su fragilidad y mortalidad de igual manera gritan, 'No nos hemos creado a nosotros mismos.' Dios los trae a la vida y sostiene su existencia. Es al Creador del Universo, entonces, que le deberemos dar cuentas por lo que hacemos o fallamos en hacer para preservar y cuidar a la Tierra y todas sus creaturas. Al vivir en la presencia de Dios, comenzamos a experimentar que nosotros mismos somos parte de la Creación, como administradores de y no separados de ella”.

"Jesús puso ante mí al libro de la Naturaleza" -- Santa Teresita de Lisieux

"Acostumbrate a ver por tí mismo a Dios en todo, porque la naturaleza es una reflexión de Dios. Oh! Como destella, brilla, deslumbra y es radiante en lo visible y lo invisible” -- Padre Benedetto Nardella

"Todo el Mundo está dormido, y Dios tan lleno de bondad, tan grande, tan digno de toda alabanza, nadie piensa en Él! Ved, la naturaleza lo alaba, y el hombre, que debía alabarlo, duerme! Vayamos, vayamos y despertemos al universo, y cantemos sus Alabanzas!" -- Beata Mariam Baouardy

2. Un respeto consistente por toda vida humana, que se extiende a un respeto por toda la Creación.  La Iglesia se aproxima al cuidado y la protección del medio ambiente del punto de vista de la persona humana. Hombres y mujeres han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Auspiciar y proteger la dignidad de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural, está en el corazón de lo que enseña la Doctrina Social de la Iglesia. Ahora nos hemos dado cuenta que el respeto por la vida humana y la naturaleza están relacionados inexorablemente. De acuerdo a Juan Pablo II, "El respeto por la vida y la dignidad de la persona humana se extiende también al resto de la Creación, que es llamada a unirse al hombre en una alabanza a Dios." Vergonzosamente, el opuesto es también verdad: Nuestra falta de respeto por la vida se extiende al resto de la Creación y es una causa subyacente de injusticia social y destrucción del medio ambiente.

    El seno materno es el medio ambiente humano más amenazado en el mundo hoy. El derecho a la vida precede y resalta cualquier otro problema social y ambiental, ó grupo de problemas.

3. Una visión mundial que afirma el significado ético de la interdependencia global y el bien común global. Las preocupaciones ecológicas recientes han agudizado nuestra percepción de cómo es tan interdependiente nuestro mundo. De acuerdo a Juan Pablo II, "Hoy la crisis ecológica ha asumido tales proporciones que es la responsabilidad de todos... Sus distintos aspectos demuestran la necesidad de esfuerzos concertados dirigidos a establecer deberes y obligaciones que pertenecen a individuos, personas, estados, y la comunidad internacional."

4. Una ética de la solidaridad que promueva la cooperación y una estructura justa de compartir en la comunidad global.  Todos somos partes de una familia humana – cualesquiera sea nuestras diferencias de nacionalidad, raza, religión, económicas, o ideológicas. La solidaridad es una determinación firme y preservadora para que nosotros mismos nos comprometamos al bien común, y una voluntad de cedernos a nosotros mismos por el bien de los demás, incluyendo a las generaciones futuras. “La crisis ecológica”, ha escrito Juan Pablo II “revela la necesidad moral urgente de una nueva solidaridad, especialmente en las relaciones entre las naciones en desarrollo y aquellas que están altamente industrializadas”. Solidaridad que debe considerar no sólo las necesidades de todas las personas, sino también la protección del medio ambiente en vista de todo lo bueno que existe.

    "Todos somos parte de la Creación de Dios – vivimos como una familia humana. La totalidad de la Creación es la herencia común. Todos hemos sido creados iguales por Dios, y llamados a compartir los bienes y la belleza del único mundo, los seres humanos somos llamados a entrar en una solidaridad de dimensiones universales 'una fraternidad cósmica' animados por el mismo amor que fluye desde Dios.... Debemos aprender una vez más que debemos vivir en armonía, no solo con Dios y unos con otros, pero con la misma Creación" dijo el Arzobispo Renato Martino en la Conferencia de Río de la ONU en 1992.

    Todas las personas han sido llamadas a una solidaridad de dimensiones universales que abraze a toda la Creación, y sea confiada al cuidado de todos.

5. Un entendimiento del propósito universal de las cosas creadas, que requiere un uso equitativo de los recursos de la Tierra. Dios ha dado el fruto de ella para sostener a toda la familia humana, incluyendo a las futuras generaciones. "El mundo es para todos, no sólo para los ricos," dijo el Papa Pablo VI.

    En las palabras de Juan Pablo II:

    Es una injusticia manifiesta que unos pocos privilegiados puedan seguir acumulando bienes en exceso, malgastando los recursos disponibles, mientras que masas humanas viven en condiciones de miseria al más bajo nivel de subsistencia. Ahora, la amenaza dramática de desastre ecológico no está enseñando a qué grado la avaricia y el egoísmo – tanto individuales como colectivos – están contra el orden de la Creación, un orden que es caracterizado por la mutua interdependencia.6

6. Una opción preferencial por los pobres, que le brinda apasionamiento a la búsqueda de un mundo sostenible y equitativo. El problema ecológico está intimamente conectado a la justicia a favor de los pobres. "Los bienes de la Tierra, que en el plan divino debería ser un patrimonio común," dijo Juan Pablo II, "a menudo corren el reisgo de volverse el moopolio de unos cuantos que frecuentemente los echan a perder, y algunas veces, los destruyen, causando por tanto una pérdida de toda humanidad." De acuerdo a los Obispos de Estados Unidos, "La opción por los pobres representada por el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia nos hacen ver que los pobres sufren más directamente del declive ambiental y tienen el menor acceso a un alivio a sus sufrimientos." Es importante notar que las poblaciones de personas pobres no son nunca la causa primaria de la destrucción ecológica: más bien , son sus víctimas. 

    "Aquellos que retienen bienes para uso y consumo deben usarlos con moderación, reservando la mejor parte para los huéspedes, los enfermos, y los pobres" (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2405).

    La beata Madre Teresa expresó bien la opción de los pobres cuando dijo, "El sufrimiento de hoy está porque las personas se han vuelto voraces, no dando, no compartiendo. Jesús lo dejó muy claro. Aquello que les hagan al más pequeño de éstos, a mí me lo hacen. Dad un vaso de agua, y me lo dais a mí. Recibid un niño pequeño, y me recibeis a mí. Muy claro."

    Nuestro deber no es solo compartir nuestra riqueza, sino promover los valores e instituciones que generan riqueza: libertad económica, libertad política, propiedad privada, el estado de derecho, y el respeto de la vida humana y sus derechos. No habrá cantidad suficiente de ayuda si los líderes de los países en desarrollo no respetan a su propia gente, abren sus mercados, invierten en mejor salud y educación, conservan el ambiente natural, y lo aseguran mediante un sistema legal justo y consistente. Insistir en reformas es un reto, pero también es un trabajo de compasión.

7. Una concepción de auténtico desarrollo, que ofrece una dirección de progreso que respeta a la dignidad humana y los límites del crecimiento material. Mucha de la destrucción de la Creación es causada por los pecados de arrogancia, avaricia de poder y posesiones, y falta de respeto por la vida. Agregando a ello la ignorancia y el error humano. Estos nos conducen al aborto y otras formas de violencia, injusticia social, consumismo rampante, desarrollo peligroso, y la aplicación indiscriminada de la tecnología. Juan Pablo II ha dicho, "En este deseo de tener y disfrutar más que ser y crecer, el hombre consume los recursos de la Tierra y su propia vida en un modo excesivo y desordenado... La mera acumulación de bienes y servicios, aún para beneficio de la mayoría, no es suficiente para la realización de la felicidad humana."

    Numerosas condiciones sociales, incluyendo el amor, la salud, la libertad, la religión, la educación, la economía, prosperidad material, democracia, y un medio ambiente bello y saludable, impactan nuestra habilidad para darnos cuenta de nuestra dignidad humana y alcanzar todo nuestro potencial. Además, la Humanidad cuidadosa y sabiamente desarrolla su creatividad, de forma que el total de la Creación alcanza su meta de acuerdo a la voluntad Divina.

    En vez de limitarnos a un “desarrollo sustentable”, los Católicos y todas las personas de buena voluntad se esfuerzan por algo más: Luchar por un auténtico desarrollo de la Humanidad y el total de la Creación.

"El Desarrollo no puede limitarse únicamente al crecimiento económico. De forma que sea auténtico, debe ser completo: integral, esto es, que promueve el bien de toda persona y de la persona completa." -- Papa Paulo VI, Populorum Progressio (Sobre el Desarrollo de los Pueblos), Marzo 26, 1967

"El ápice del desarrollo es el ejercicio del derecho y el deber de buscar a Dios, conocerlo y vivir de acuerdo con ese conocimiento..." --Papa Juan Pablo II, Centesimus Annus

 

La Promesa de Redención

    La redención se refiere a la restauración de la Humanidad y toda la Creación de las consecuencias del pecado a través de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La Encarnación de Jesús significa la elevación a la unidad con Dios de toda la humanidad así como todo el mundo entero, visible y material. El acto redentor de Jesús se extiende a toda la Creación, que comparte unida un destino común. La resurrección de Jesús comenzó la transfiguración de toda creatura. La obra de la Creación culmina en la obra mayor de la Redención.

    Juan Pablo II ha dicho, "Los cristianos creemos que la muerte y resurrección de Cristo logró la meta de reconciliar a la humanidad con el Padre, que 'ha sido satisfecho ... a través de Cristo para reconciliar con él a TODAS LAS COSAS, ya sea en la Tierra o el Cielo, haciendo la paz por la sangre de su cruz'. La Creación fue entonces renovada. Una vez sujeta a la esclavitud del pecado y la corrupción, ahora ha recibido nueva vida mientras 'esperamos por los nuevos cielos y la nueva Tierra en la que mora la rectitud'. De esta forma, el Padre 'nos ha hecho conocer en toda sabiduría y reflexión el misterio ... que el ha determinado en Cristo como un plan para la plenitud del tiempo: el unir a TODAS LAS COSAS en Él, todas las cosas en el Cielo y en la Tierra."
 

   La visión de Dios dada a nosotros por Cristo no es meramente aquella del Creador: es la del Dios Trino que ama al mundo tanto que le ha envíado a su Único Hijo. "El Universo salta delante de ... el Amor recíproco del Padre y el Hijo, de la Santísima Trinidad" dijo Juan Pablo II.

    La Santísima Trinidad es una Familia Divina de Amor. Dios ha escogido a la Santísima Virgen María para ser su Madre – la Madre del Creador y Redentor – y por tanto la Madre de la Nueva Creación en Cristo. Cristo nos ha dado a su Madre para ser nuestra Madre. Llena de gracia del Espíritu Santo, María participa en la misión redentora de su Hijo en un modo muy especial.  Sí, el único camino a Dios Padre es a través del Hijo. Pero, tanto en la Biblia y la Tradición de la Iglesia, Dios ha querido que el Hijo venga a nosotros a través de María! Honrar a María es ir a Jesús. De acuerdo a la voluntad de Dios y por su gracia, María es vital para la redención de la humanidad y a la totalidad de la Creación!

     La primera Creación encuentra su significado y cúspide en la Nueva Creación en Cristo, el esplendor de la cual sobrepasa a la de la primera Creación. De acuerdo a Juan Pablo II, "El gozo esencial de la Creación se completa por el gozo de la Salvación, por el gozo de la Redención... La obra de la Redención es elevar a la obra de la Creación a un nuevo nivel. La Creación está permeada con una santificación redentora, aún una divinización. Ella viene cual si se atrayera a la esfera de la divinidad y la vida íntima de Dios."

    Aún así, somos testigos diariamente que no todo está en paz, que no todo está totalmente redimido en tiempo y espacio.  Permanecemos capaces de pecar, y el resto de la Creación sufre por ello. Aún más, la misma naturaleza no es siempre benigna. Como dice el conocido versículo de la carta a los Romanos, "la creación aguarda con intensa nostalgia por la revelación de los hijos de Dios... porque la propia creación quedará libre de sus ataduras al deterioro y obtendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios".3

    Como los hijos de Dios, tenemos una responsabilidad especial hacia cada uno de nosotros y al resto de la Creación. La naturaleza es nuestra hermana.  Como administradores responsables y co-creadores con Cristo, somos parte de la Creación, no estamos separados de ella. Debemos demostrar el significado de la vida, muerte y resurrección de Cristo en nuestro tratamiento hacia la Creación.  Debemos iniciar el proceso de conservar, desarrollar, y restaurar a la Creación, un proceso que será consumado por Dios – el Creador, Redentor, y Santificador del Universo entero – en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
 

"Por medio del misterio de la Encarnación de Dios es la salvación de la Creación entera."

--San. Ambrosio (entre 339-397)
 

"Hasta que queramos reconocer los pecados implicados en la destrucción del medio ambiente, tendremos grandes dificultades en confrontar el mal que lleva a esta degradación del ambiente.  Cualquier acción que dañe a la ecología del planeta es en ultimo caso una decisión personal, y cada decisión está ya sea de acuerdo o en contra de la voluntad de Dios. Cada decision que hacen los seres humanos es una decisión moral; es por tanto un acto de virtud o un acto pecaminoso."

--Father Lawrence E. Mick

 

Justicia Ambiental

    Tradicionalmente, el ambientalismo promovía la conservación de especies silvestres amenazadas y habitats prístinos, con menor énfasis otorgado a la salvaguarda del ambiente en que viven las personas, trabajan, y juegan.  La justicia ambiental mantiene unidas la preocupación por el medio ambiente natural con el cuidado por las personas, los pobres, los marginados y las generaciones futuras. Liga directamente las preocupaciones ambientales con los problemas de justicia social.

     "La clave para el éxito de los esfuerzos de la Iglesia en hacer avanzar la justicia ambiental está en la parroquia," según escritos de los Obispos Católicos de EEUU.  "La parroquia es donde venimos juntos a adorar y ser testigos de nuestra Fé. La celebración de la Eucaristía Dominical cada semana es un signo de la unidad parroquial que alberga nuestro crecimiento espiritual, facilitándonos enfrentar los desafíos presentados por la justicia ambiental. Parte de ser creyente es cuidar la Creación. La preocupación por el medio ambiente debe ser parte integral de la Fé Cristiana."
 

¡Las 10 Razones Principales para Cuidar de la Creación!

  1. Dios es el Creador del Universo y lo mantiene existiendo a través de una voluntad creadora continua.

  2. Dios ha bendecido y llamado "muy bueno" a todo lo que ha creado.

  3. El Plan de Dios para la Creación es uno de armonía y orden. La Creación conforma un todo, un cosmos.

  4. Dios ama a la comunidad viviente.

  5. Las creaturas de Dios comparten un hogar común.

  6. La presencia de Dios puede discernirse en toda su Creación.

  7. Dios quiere que los bienes de la Tierra sean repartidos equitativamente.

  8. Dentro de la creación,la persona humana disfruta de una dignidad consumada. Es inherente a esta dignidad es el ejercicio de una administración sabia y justa sobre el resto de la Creación.

  9. El pecado trajo una maligna división al mundo entero, pero no solo dentro y entre las personas humanas. Las consecuencias del pecado también afectan a la Tierra.

  10. En un modo misterioso, la misión redentora de Cristo se extiende a toda la Creación.
     

Algunos Obstáculos con que tropezamos

    La hermana Marjorie Keenan, RSHM, una líder católica ambientalista, describe detalladamente muchos de los obstáculos con que tropezamos y que inhiben nuestra habilidad para cultivar apropiadamente y cuidar a la Creación. "En el campo tan diferenciado y complejo del medio ambiente, es difícil alcanzar un acuerdo conceptual sobre la naturaleza precisa del problema o la solución. Cuando nos aproximamos a la cuestión desde una perspectiva religiosa, es también muy fácil quedar atrapado en algunos puntos de vista conceptuales particulares que pueden terminar en grupos cerrados en sus propias ideas y eliminando la posibilidad de trabajar creíblemente con los demás. Algunos ejemplos de esta dificultad son:

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El poner a la persona humana al mismo nivel que el resto de la Creación, de hecho reduce en consecuencia la responsabilidad de la persona para sus acciones respecto a la totalidad de la Creación;

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Un impedimento para reconocer que mucha parte del progreso es buena, que no todo es malo en la industrialización y la ecnología moderna;

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Una cierta mentalidad del "Jardín del Eden" que rehusa todo desarrollo moderno, rechazándolo como maligno;

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Una glorificación de la bondad de la naturaleza que más o menos en forma romántica no toma en cuenta sus asperezas;

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Una satanización del Primer Mundo y rechazo a considerar que el Tercer Mundo puede ser en parte responsable de la degradación del medio ambiente, por tanto bloqueando los esfuerzos comunes requeridos;

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Un nuevo tipo de paganismo, alentando una forma de adoración a la naturaleza.

    Pero hay otros obstáculos – quizás el más serio de todos – la indiferencia, una trivialización de los problemas del medio ambiente, o una ridiculización de aquellos comprometios en promover hábitos y prácticas benéficos y exitosos para el medio ambiente" (Hermana Marjorie Keenan, RSHM, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz).

    Aquí hay obstáculos adicionales que vale la pena mencionar:

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La satanización del capitalismo, un concepto que frecuentemente es malentendido y mal interpretado. Los países capitalistas industrializados han decretado todo tipo de salvaguardas laborales, de consumo y ambientales desde fines del siglo XX, y los derechos civiles tienen una fuerte tradición.  Como sucede con cualquier empresa humana, existe un amplio espacio para mejorar. El capitalismo global, en cambio, debe ponerse al día y tiene serias fallas que deben atenderse. Aún así, la Iglesia no se opone al capitalismo en general.  La Iglesia se opone al capitalismo "primitivo" o “desatado.”  De acuerdo al Papa Juan Pablo II, "lo que se propone como una alternativa [al capitalismo primitivo] no es el problema socialista, que de hecho se convierte en un capitalismo de Estado, sino más bien una sociedad de libre trabajo, de libre empresa y participativa.  Tal sociedad no se dirige contra el Mercado, sino que demanda que el Mercado sea controlado apropiadamente por las fuerzas de la sociedad y por el Estado, para que se garantize que las necesidades básicas de toda la sociedad sean satisfechas." El Santo Padre ha afirmado que este "Nuevo capitalismo" como "un sistema económico que reconoce el rol fundamental y positivo del negocio, el mercado, la propiedad privada y la responsabilidad resultante de los medios de producción, así como el liberar la creatividad humana en el sector económico.... Sería tal vez más apropiado hablar de una 'economía de negocios', 'economía de mercado' o simplemente 'economía libre' (Centesimus annus, 1991)."  El capitalismo bien entendido no es solo compatible con la doctrina social Católica, puede ser la fuerza mas poderosa para la justicia social y ambiental.

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Los políticos partidistas ciegos e irracionales, que pretenden dividir a las personas en partidos politicos en los cuales solo un partido aparenta ser a favor del Medio Ambiente, a favor de la paz, en pro de los derechos humanos, y a favor de la justicia social mientras que el partido rival se alega que está en contra de esos ideales.  No ha nada más lejos de la verdad.  La vasta mayoría de los miembros de los dos partidos políticos mayores (Demócratas y Republicanos en EEUU) comparten las mismas metas de paz, justicia y un medio ambiente saludable y seguro.  Pero pueden, sin embargo, estar en razonable desacuerdo en como lograr esos objetivos comunes.

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La tentación de asumir que si Dios quiere que cuidemos algo, debe necesariamente quere que lo pongamos bajo el control del gobierno.  Es una creencia común del movimiento ambiental que más injerencia del gobierno es siempre mejor. Pero la historia lo sugiere de otra forma.  Los estados que tienen mercados excesivamente suprimidos y derechos de propiedad, como el de la antigua Unión Soviética, han sufrido de algunos de los peores desastres ecológicos en el mundo.8

    "Solo Dios conoce como será el futuro. Sabemos, sin embargo, que en cualquier caso sera un futuro de gracia; que será el cumplimiento de un plan divino de amor por toda la humanidad y por cada uno de nosotros. Por ello es que, así como miramos al futuro, estamos llenos de esperanza y no dominados por el miedo" (Papa Juan Pablo II, Noviembre 19, 1997).

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The Pieta icon above is by Meltem Aktas.  A convert to Catholicism, Turkish-born Meltem Aktas has embraced the art of iconography as part of our ancient spiritual tradition.  The ultimate purpose of the icons is an encounter with the invisible God through the image in an ancient form of quiet, meditative prayer.  Sacred art is a passion for which Aktas has truly given her heart, soul and hands. Click here for more information about the artist. Copyright Imago, Inc. All rights reserved.

Portrait of Pope John Paul II by Rolando Conti

Portrait of Christ, "Agemian Image," from the Shroud of Turin, by Pasquale Ariel Agemian (1904-1963)

Photograph of baby cradled in hands ©Anne Geddes

1Mick, Fr. Lawrence E. Liturgy and Ecology in Dialogue. 1997. The Liturgical Press. Collegeville, Minnesota, USA.

2 1991 statement of the United States Conference of Catholic Bishops, Renewing the Earth

3Sister Marjorie Keenan, RSHM, Pontifical Council for Justice and Peace.   2000.  Care for Creation: Human Activity and the Environment.  Vatican City. 

5Address to FAO, 16 November 1970, N. 3; Insegnamenti di Paolo VI, VIII, p. 1147

61990 World Day of Peace Message, Pope John Paul II

7Sister Marjorie Keenan, R.S.H.M., at The Catholic University of America in Washington, D.C., Nov. 4, 1998.

8Alan Keyes, Keyes 2000 website

 

 

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